La confianza de los inversores en la Eurozona volvió a mejorar en junio
Redacción Link Securities
Tal y como esperábamos, el Consejo de Gobierno del BCE subió sus tasas de interés de referencia en 25 puntos básicos en su reunión de política monetaria de junio: la de la facilidad de depósito hasta el 2,25%; la de referencia a corto plazo hasta el 2,4%; y la marginal de crédito hasta el 2,65%. Esta es la primera vez que el BCE sube sus tasas oficiales desde el ejercicio 2023.
El Consejo de Gobierno reconoce que el shock energético está deteriorando el crecimiento de la Eurozona al tiempo que empuja al alza los precios. Es por ello que en las nuevas proyecciones macroeconómicas se habría revisado al alza la inflación y a la baja el crecimiento del PIB. Además, el BCE mantiene su estrategia de decidir reunión a reunión y en función de los datos, sin comprometerse con nuevas subidas automáticas. El tono general es firme respecto a la inflación, pero prudente ante el debilitamiento de la economía.
Todo parece indicar que la subida de las tasas oficiales parece tener un carácter preventivo: el BCE quiere evitar que el shock energético se traslade de forma duradera a la inflación subyacente y a las expectativas de inflación, incluso a costa de aceptar un crecimiento más débil en el corto plazo.
Además, el organismo ha actualizado su cuadro macroeconómico para la Eurozona. El BCE espera ahora que la inflación general alcance el 3,0% en 2026 (vs 2,6% estimación anterior) y el 2,3% en 2027 (vs 2,0%). La inflación subyacente también se revisó al alza, hasta el 2,5% para ambos años, desde las estimaciones previas del 2,3% y el 2,2%, respectivamente. En cuanto al crecimiento económico, el BCE redujo ligeramente sus proyecciones para el PIB de la Eurozona, pronosticando una expansión del 0,8% en 2026 (vs 0,9%) y del 1,2% en 2027 (vs 1,3%).
En la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, su presidenta, la francesa Lagarde ha centrado su intervención en justificar la decisión del Consejo de Gobierno de endurecer la política monetaria ante la persistencia de una inflación todavía demasiado elevada en la Eurozona. Ha subrayado que, aunque el repunte inicial de los precios estuvo vinculado principalmente a la energía, ahora existen señales de que las presiones inflacionistas se están extendiendo a otros componentes de la economía, especialmente a los servicios y a los salarios, lo que aumenta el riesgo de que la inflación sea más persistente de lo previsto.
En cuanto a la actividad económica, ha descrito un entorno de crecimiento débil, con pérdida de dinamismo del consumo y de la inversión, aunque el mercado laboral sigue mostrando cierta resistencia. Aun así, ha reconocido que los riesgos geopolíticos y la incertidumbre siguen pesando sobre las perspectivas de crecimiento.
Sobre la política monetaria futura, Lagarde ha insistido en que el BCE no ofrece una senda predeterminada de tipos y que las decisiones seguirán siendo dependientes de los datos, reunión a reunión. Ha evitado comprometerse con nuevas subidas, pero ha mantenido un tono vigilante respecto a la inflación subyacente.
En conjunto, su mensaje equilibra la necesidad de preservar la credibilidad del objetivo del 2% con el reconocimiento de una economía que se está debilitando, reforzando la idea de prudencia y flexibilidad en los próximos movimientos del BCE.
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